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María Emilia Azar de Suárez Hurtado
Catamarca, 1918
La encomienda
Como todos los viernes
va la encomienda hijo.
En un paquete, encima, a la derecha,
van los primeros nísperos.
Llevan el sol de Julio
y el olor del romero vecino.
Cuando la abras,
sentirás la tierra y el agua y el viento en el camino.
Y en los bolsillos la redondez casi silvestre
del amarillo hinchado –son los mismos-.
Con su agridulce pintón, por el apuro
de enviarte en albricias
la primavera en Julio.
Un pájaro picotero
probó la madurez
y en uno de ellos, va también el mensaje
del canto
que te envían los pájaros.
Van también el patio y la dama de noche,
que trepaba con sus pañuelos blancos.
Y el olor de la menta pisada,
y el verde ceniciento del olivo,
y el rosal.
Y el lapacho y las siestas sin olvido.
Va la acequia, va el naranjo.
Va la casa en los nísperos.
Van las palabras que el corazón pronuncia
sin poder acallar:
-¡Hay nísperos maduros, mamá!
Entre tantas cosas que lleva la encomienda
nada será tan nuestro y tan mío,
como el beso redondo de los primeros nísperos.
catamarca, argentina
publicado en escritos en la cueva.
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